Ataques de pánico, nueva forma de nombrar lo innombrable

 

 

Dmujeres  te presenta una columna escrita por Patrica  Elizalde. Una visìon psicoanalìtica sobre esta patología, tan en boga por estos tiempos que corren.

 

 

 

Así que piensas que puedes llamar paraíso al infierno,
cielos azules al dolor.
¿Puedes llamar verde campo a un frío riel de acero?
¿Sonrisa a un velo?
¿Piensas que puedes decirlo?

¿Y consiguieron que comerciaras tus héroes por fantasmas?
¿Cenizas ardientes por árboles?
¿Aire caldeado por fresca brisa?
¿confort para cambiar?
¿Y canjeaste una marcha en el frente de la guerra por un rol principal en una jaula?

Cuánto deseo, cuánto deseo que estuvieras aquí
Somos nada más que dos almas perdidas nadando en una pecera, año tras año,
recorriendo la misma vieja tierra
¿qué hemos encontrado?
Los mismos viejos temores.
Deseo que estuvieras aquí.

Roger Waters
PINK FLOYD

Los mismos viejos temores, nos dice Roger Waters , de eso mismo hablamos cuando hablamos de Ataques de pánico, la moderna forma que encontramos para nombrar la angustia, aquel raro afecto que Sigmund Freud  se prestó a dar lugar y causó en ese camino a muchos más, afortunadamente, como alternativa posible frente al padecer humano.

De pronto, nos quedamos sin aliento,  el corazón se siente acelerado, algo  nos va a pasar , tiembla el mundo en el que nos sosteníamos.

Alusiones a la Angustia, a la que ya no sabemos cómo nombrar, efectos de la angustia en el cuerpo, de aquello que  no puede circular, frente a lo cual  se hace cada vez más difícil “hacer”. La huída, es una de las formas de arreglárselas con  lo que vuelve, lo que insiste por escribirse, y nos detiene, una y otra vez, Brújula  que nos marca que algo del infierno personal, se hace presente.

Es allí donde nos encontramos nuevamente buscando algún saber que nos diga, que descomprima el dolor,  y ahí, la encrucijada de la elección posible para cada quien  determinará el camino.

Claro que hay fármacos que pueden aliviar los efectos de la angustia en el cuerpo, pero es bueno saber que no eliden el infierno, solo acompañan a pasarlo , cómodamente adormecidos.

No está escrito en ningún lado la cantidad de repeticiones que a cada quien le es necesaria para encontrar “su” medida, y decidir invitarse a hablar de esa angustia.

¿ De qué otra forma imaginamos los actos humanos? Cagados en las patas, colorados, con taquicardia, temblores de rodillas y demás deudos, a diferencia de los héroes mitológicos,  nosotros somos humanos y” el   permitirnos nuestra humanidad”, es el primer paso para que el camino tenga “otras posibilidades y aquella verdad a la que asistimos calladamente, encuentre una versión que nos implique.

¿Cómo? Tomando la palabra, cagados en las patas , insisto, cuando marquemos el número para decir que no sabemos cómo pero queremos hablar … Toda una decisión, por cierto, que como tal, nunca es sin pérdida, nunca es sin consecuencias subjetivas, pero con la posible ganancia de la dignidad subjetiva que acompaña todo despertar.

Los riesgos de quedar “cómodamente adormecido” como también proponía pensar Pink Floyd  , son muchos ,pero es bueno saber también acerca de la posibilidad de despertar una y otra vez  en dirección a ese destello, a esa visión fugaz que nos permite vivenciar la sensación del “fluir sin esfuerzo”, porque, por un momento, supimos orientar las velas. Entre tanto, hacemos lo que podemos…

 

 

Patricia Elizalde, Psicòloga