De compras en un sex shop: mujeres sin pudor, ni prejuicios

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Dmujeres se lanzó a recorrer las góndolas de un comercio de objetos íntimos para saber qué buscan las mujeres, cuánto saben sobre los productos que están a la venta y cuán atrevidas son a la hora de utilizarlos

 

Por: Carolina Copello y Cecilia Toledo

Desde hace un buen tiempo, hablar de objetos íntimos dejó de ser un tabú. Los Tupper Sex, reuniones grupales de mujeres en las que se venden juguetes sexuales, se han convertido en un encuentro que genera diversión y a la vez permite descubrir nuevas formas de experimentar en el sexo. Pero hay una pregunta, que nobleza obliga, debe formularse: ¿Cuán liberales son las mujeres platenses a la hora de salir de compras por un sex shop? Para dar respuesta a ese interrogante Dmujeres se lanzó a recorrer las góndolas de un negocio de objetos sexuales, donde la discreción y la atención personalizada se hacen realidad.

“Acá vienen muchas mujeres, y la verdad es que son muy desinhibidas. El promedio de edad de las clientas es de 25, 30 años para arriba y por lo general vienen a comprar objetos que son para compartir con sus parejas”, aseguró el encargado de ventas de Dares, un sex shop de la ciudad al que se puede acceder de manera virtual y también en forma personal, con cita previa.

“La mujer es la que tiene menos problemas a la hora de elegir, tiene menos prejuicios. Viene sabiendo lo que quiere y no tienen ningún pudor en decir esto es para mí. En cambio el hombre es más vueltero, carga con más prejuicios. Por ahí vienen y te aclaran: esto no es para mí, esto es para un amigo, me lo pidió mi mujer, mi pareja”, les cuesta hacerse cargo, relató uno de los vendedores de la empresa. Otra de las características de las mujeres que frecuentan estos lugares, es el nivel de información que manejan. Al parecer, ellas tienen una mínima idea de para qué sirven los objetos y cómo emplearlos.

¿Cuáles son los productos más demandados por ellas? “En este rubro se vende todo”, aclara el vendedor, aunque entre los más pedidos están los vibradores, en todas sus formas. “Puede ser un anillo, o un vibrador con forma fálica o hasta con forma de pene. Los geles también se venden muchísimo y dentro de los geles, lo que más se vende, es el gel anal. Ven el nombre en el gel y se lo llevan, se agotan”.

Dares recibe a sus clientes en una oficina donde no hay ningún indicio de los productos que se comercializan. Una puerta corrediza divide ese cuarto de una sala contigua en la que está exhibida la mercadería. “Cuando la persona entra a nuestro show room se produce un shock. Si es la primera vez que viene se la direcciona hacia lo más económico. Se le muestran consoladores simples y sofisticados, arneses, vibradores a pila, con graduación e inalámbricos. También les mostramos los anillos para el pene con vibrador, vibradores anales de diversos tamaños y geles con efecto frío o con efecto calor, que son hidrosolubles e hipoalergénicos. Además les ofrecemos aceites para masajes y lencería erótica”, precisó el vendedor, dando cuenta de los objetos con los que una clienta se encuentra cuando visita un sex shop.

Por lo general, las mujeres que llegan a estos espacios lo hacen con la idea de comprar algún producto que renueve la actividad sexual de la pareja. Por eso, la mayoría de las consultas son en pareja y las mujeres que se acercan solas, y que compran objetos cuyo destinatario es aún incierto, son una minoría.

Dares se encarga de distribuir productos del rubro en todo el país, y es a partir de ese trabajo cotidiano que los vendedores aseguran que las mujeres platenses son más pacatas, menos liberales a la hora de la compra. “Las platenses vienen a buscar de forma más seria los productos, y te comentan muchas veces las situaciones en las que están”, precisó el hombre encargado de ventas. Será por ese mismo pudor que, por lo general, las ventas se concretan a través de Internet y con envíos domiciliarios, mediante de un servicio de mensajería.

La mayoría de los productos que se pueden encontrar en estos lugares están pensados para la mujer, aunque en los últimos tiempos se han producido muchos objetos para el hombre también. La mercadería que el cliente se lleva es entregada junto a preservativos, una serie de folletería que advierte e informa sobre las enfermedades de transmisión sexual, y además se ponen a disposición de los compradores líneas de contacto con el Ministerio de Salud para realizar todo tipo de consultas. Después de todo se trata un poco de eso: innovar, divertirse y cuidarse.