Las hermanas Alessandro: amor por el circo, el cuerpo y el movimiento

Las jóvenes artistas entienden que a la hora mover el organismo no hay límites, e invitan a explorarlo para reconocer el mundo mediante el propio cuerpo

 

Por Cecilia Toledo

 

Fernanda y Juliana Alessandro no sólo tienen en común que fueron traídas a este mundo por las mismas personas. Además comparten el amor por el circo. Con tal sólo dos años de diferencia, estas jóvenes platenses, se formaron en las artes del movimiento y lograron forjar una carrera que las ha mantenido unidas.

 Fernanda es la más grande, y además de artista circense es docente de danzas contemporáneas y expresión corporal. Juliana, en cambio, se inclinó por el teatro. Pero la formación que tiene cada una no ha impedido que trabajen juntas. Desde hace ocho años dictan un taller de circo en El Núcleo (6 entre 41 y 42), en el que participan tanto jóvenes como adultos.

 Además de las capacidades que las artistas circenses tienen al momento de desplegar su destreza –que quedó plasmada en el espectáculo Veo veo, presentado en el Teatro del Lago-, lo interesante de sus experiencias con el movimiento radica la concepción que tienen de él. “Cualquier lenguaje del movimiento es una puerta de entrada a un salón que tiene otras puertas, que están interconectadas”, asegura Fernanda.

 La flamante mamá relató que durante su formación académica sintió en algún momento, que la variedad de disciplinas que practicaba le impedían la especialización. Pero más tarde, cayó en la cuenta de que todos los métodos están en plena interacción, porque “las diferentes disciplinas son distintas maneras de abordar el cuerpo”.

 La mujer y el movimiento

 Como es de suponer, estas jóvenes artistas consideran que trabajar la expresión del corporal es una necesidad vital. “El movimiento implica conectarse con uno mismo para poder conocer y utilizar el organismo. Mediante el cuerpo se puede conocer el mundo. Hay teorías que dicen que todo es a través de él, hasta los pensamientos más abstractos. En definitiva,  todo parte del cuerpo. Y el movimiento es el reconocimiento de eso mismo”, explicó Fernanda.

 Desde esta perspectiva, las hermanas Alessandro recomiendan a las mujeres experimentar con su organismo. “Es recomendable para cualquier persona, no sólo para formar bailarines o hacer obras. La gente no está muy conectada con su cuerpo a pesar de que tiene que ver con la vivencia de estar en el mundo”.  

 Pero la pregunta de quienes no están habituadas a la práctica del movimiento, será ¿Por dónde comenzar? “Depende de la persona, hay que ver con qué hace afinidad, qué lenguaje le parece más próximo, o más cercano”, precisó Fernanda.

 Para quienes estén interesados en trabajar tanto la elasticidad como la fuerza, -“opuestos complementarios”, según definió la docente- el  circo es una buena opción. Lo interesante de la línea pedagógica que siguen Fernanda y Juliana, es que no responde a la disciplina en su formato más tradicional. “En la escuela donde estudiamos nosotras, lo circense se aprendía por imitación de movimientos ya establecidos. Hay una diferencia muy grande entre cómo aprendimos circo nosotras a cómo lo estamos enseñando”. Hace más de doce años se entendía que había figuras que figuras que eran exclusivas de la mujer y otras que eran sólo para los hombres. “Ahora nosotras enseñamos todo a todos”, expresó Fernanda.

 Las jóvenes artistas, entienden que la docencia es también un lugar de investigación, “porque durante la clase vez el movimiento del cuerpo del otro y seguís avanzando. Cada cuerpo es distinto, llega a la misma figura, a la misma forma pero de manera distinta”, analizó Fernanda. Y en eso andan las hermanas Alessandro: observando como cada quien explora con entusiasmo y sorpresa las posibilidades de su propio cuerpo.