“La mujer está separada de su cuerpo y de su sexualidad”

De esa manera se refirió la terapeuta Cecilia Lightowler al lugar en el que está situada la mujer hoy. Para romper con esos bloqueos propone reencontrarse con el cuerpo, distinguir las fases del ciclo menstrual y conectar con la energía femenina

 

Por Cecilia Toledo

Suele decirse que la realidad supera a la ficción, y en este caso la realidad también supera a la publicidad: las propagandas sobre toallitas, tampones y protectores diarios muestran a mujeres que con sólo colocarse esos apósitos están listas para salir a devorarse el mundo. Atrás quedan la incomodidad, el dolor y la irritabilidad. Sin embargo, cualquier mujer que atraviesa el ciclo menstrual sabe que nada de esos sucede con tanta facilidad. Aunque lo que no todas conocen es lo propicia que se vuelve esa etapa para alcanzar niveles espirituales de gran profundidad. Y lo espiritual no se trata aquí de velas, inciensos y sahumerios. El asunto es mucho más sencillo: durante la regla, la mujer alcanza la instancia más apta para la conexión con ella misma.

La cuestión es que no todas lo saben. Más bien, son pocas las que han oído hablar de la energía femenina durante el período; pero son muchas las que se interesan por ello apenas lo escuchan. Difundir información sobre las capacidades femeninas y aportar conocimiento que permita una conexión con el propio cuerpo es la tarea que desde hace muchos años lleva adelante Cecilia Lightowler. Mediante talleres y tratamientos con piedras, la terapista –formada en varias disciplinas- guía y asesora a las mujeres en la toma de conciencia sobre su propia energía.

Tremenda tarea, en la que se pone en juego lo espiritual y lo emocional, suena un tanto extravagante. Sin embargo, Lightowler asegura que el asunto no es tan complejo “porque la mujer lleva de manera innata cierto tipo de energía, lo que pasa es que tiene que ser conciente de eso”.

Hubo un tiempo histórico y ancestral en el que las mujeres vivían con conciencia de esa energía. Por aquél entonces, durante la regla, las mujeres se retiraban en grupo a meditar sobre la tierra. Por eso, Cecilia asegura que su guía ayuda a que las mujeres recuperen la memoria sobre ciertas prácticas y principios que se han ido perdiendo en el marco de una sociedad patriarcal.

“Hoy la mujer está muy separada de su cuerpo, de su sexualidad. No está en relación con su ciclo menstrual. Tenemos esa memoria de haber sido quemadas, o haber sido esclavas. Nos da miedo conectar con ese poder que surge de la conciencia del propio cuerpo”, aseguró la terapista que tiene una formación en medicina tradicional china y aromaterapia.

 Terapias vibracionales

Hablar de flujos energéticos en el mundo de hoy ya no es cosa de locos. Será porque hay ciertos paradigmas que se están transformando: el consumo desaforado, la falta de conexión con la naturaleza, la vorágine diaria del tener para pertenecer y el dinero como orientador de la vida social ya no pesan con la misma rigidez que tiempo atrás. En ese escenario, el bienestar personal y la búsqueda de la plenitud por caminos hasta ahora poco convencionales, se convierten en un proceso de exploración que deciden emprender muchas mujeres. Para todas ellas, Lightowler, ofrece talleres grupales y tratamientos con piedras (más información en http://www.domomachi.com.ar)

Omi, también conocida como la “Ombliguera” de Obsidiana, es el nombre de una de las piedras con las que Cecilia lleva adelante uno de sus tratamientos terapéuticos. Esa pieza natural se coloca en el ombligo y sirve para cortar lazos con los padres que ya no sirven y  que “son necesarios fracturar para hacernos responsables de nuestra propia vida”, explicó Cecilia.

Para trabajar con la cuestión femenina, y continuando con la llamada medicina vibracional, la piedra que utiliza es la de Osiris. De acuerdo a la explicación de la propia terapeuta, “se coloca en la vagina y trabaja con toda la sombra femenina, que son todas las heridas que ancestralmente la mujer tiene. Trabaja también con fibromas, quistes y todo lo que afecta la parte genital de la mujer. Es una piedra negra que por sus cualidades físicas y energéticas tiene la capacidad de absorber todos los bloqueos”.

Desde esta corriente se entiende que el cuerpo de la mujer no es una estructura que funciona en forma aislada de lo que sucede a su alrededor, sino que es un organismo atravesado por representaciones de la vida personal y del pasado histórico. Así,  los bloqueos físicos se interpretan como la materialización de un conflicto emocional o mental. Es en esta doble dimensión –la física y la espiritual- en la que la piedra realiza su trabajo.

Terapias colectivas

Los talleres grupales son otra herramienta en las que se aborda la cuestión energética femenina. En esos espacios se trabaja en el reconocimiento y toma de conciencia de las cuatro fases del ciclo menstrual.

Esas cuatro etapas son reconocibles para cualquier mujer que haya atravesado el período menstrual: “Después de la regla la mujer está muy bien, se siente joven, se siente dinámica, se siente con fuerzas para hacer absolutamente todo. Después viene el período de ovulación donde la mujer es muy maternal. En esa instancia no le va a importar escuchar a personas con problemas, porque va a saber aconsejar. Estas dos fases son tendientes al exterior, a los demás”.

Tras esas instancias, que impulsan a la mujer hacia el afuera, comienza otra etapa en la que predomina una necesidad de volcarse hacia el interior. “Después de la ovulación, la mujer comienza a cambiar su energía. Le pueden incomodar los encuentros multitudinarios y se vuelve más irritable”, describió Lightowler. Y por último, durante la propia regla, la mujer se está “despidiendo de aquello que ya no sirve físicamente”, lo que impacta en su estado de ánimo.

La terapeuta, formada con el método de Ana Silvia Serrano explicó que “si nosotras somos concientes de los cambios correspondientes a las cuatro fases del ciclo menstrual podemos ir acompañando esos momentos que estamos viviendo y vamos a sufrir menos los cambios de ánimo a los que nos vemos expuestas”. Además, el propio conocimiento permite dar a conocer esa información sobre los ciclos femeninos para educar al círculo que rodea a la mujer sobre sus ritmos y modificaciones.

La lógica del mundo moderno, donde la inmediatez y el vértigo tiñen las actividades diarias, choca con la necesidad de descanso y tranquilidad que siente la mujer durante las dos últimas etapas de su ciclo. “Ese es un momento para estar con una misma, nuestro cuerpo también nos está pidiendo que estemos tranquilas. Aunque es muy difícil porque la sociedad le pide a la mujer que sea lineal, pero la mujer es cíclica. ¿Qué pasa cuando viene la regla? Tampones y a la calle, y la mayoría trata de olvidarse de la regla, aunque ese es el momento más rico a nivel de conocimiento de uno mismo”.

En esos mismos talleres, a los que acuden mujeres de todas las edades, también se trabaja en el reconocimiento de cuatro arquetipos femeninos. Esos arquetipos, de forma esteriotipada, permiten analizar el rol que ellas ocupan en sus vidas y las relaciones que tejen con los otros. La niña, la esclava, la puta y la madre siniestra definen modos de ser que todas llevamos dentro. El asunto es comenzar a pensar que no todo lo impuesto o construido debe funcionar como un mecanismo de relojería sobre el cual es imposible intervenir. La propuesta de Cecilia Lightowler se orienta en ese sentido e invita a las mujeres a mirarse, sentirse y proyectarse para que el mecanismo de relojería deje de estar digitado desde el exterior. Para tremenda hazaña, quedó demostrado, la mujer cuenta con energía y vitalidad propia. El resto es proponérselo.