Una práctica propia de la cultura machista

Por Bruno San Martín.-

Las relaciones sexuales tienen una lógica machista. Cuesta creer que en 2012 esto sea efectivamente así. Es un ámbito donde la lucha feminista ha fracasado en sus consignas: los orgasmos fingidos.

La mujer que finge un orgasmo es la primera machista, incluso más que el propio “macho” que ostenta la pareja. Simula que llegó al clímax con el simple hecho de hacer sentir bien al hombre. Un razonamiento incoherente, ya que resigna su propio placer en beneficio del casi siempre efímero orgasmo masculino.

La culpa, en estos casos, recae casi siempre en la mujer. Frígida, histérica, desapasionada, son algunos de los adjetivos descalificativos que se utilizan para analizar a aquellas que fingen. Pero muchos hombres se sorprenderían al indagar que un alto porcentaje de mujeres simula el clímax. Algunas lo hacen de una manera tan burda que hasta el menos despierto termina por darse cuenta.

Toda relación sexual, sea con pareja estable u ocasional, se hace de a dos. Y si se buscan responsables hay que buscarlos en ambos bandos. Bien podría marcarse que es el hombre el culpable por no generar el clima necesario para que la mujer se relaje y llegue el orgasmo. Esto suele suceder también en un alto índice porcentual. Por lo general, el “macho” está mucho más pendiente de nimiedades como el tamaño de su miembro, el sexo oral brindado por la fémina y los gritos que puede llegar a pegar la misma al momento de la penetración. Estimada amiga, si usted copula con un machote de estas características, está perdida.

El sexo es uno de los mejores catalizadores para descubrir la estrechez mental. Y en el campo masculino abundan. Tanto hombre como mujer, deben propiciar el mutuo placer. La satisfacción de uno es, casi matemáticamente, la satisfacción del otro. Si uno de los dos queda rengo, no hubo comunicación, no hubo conexión.

Las relaciones sexuales suponen varias situaciones violentas, mucho más en los primeros encuentros. La desnudez es un inhibidor por excelencia que no discrimina géneros; los primeros contactos (llamados coloquialmente franela) elevan las temperaturas corporales y a veces no conducen a nada; y el hotel alojamiento (telo) puede actuar como supresor de todo deseo. En estos casos, la mujer es mucho más permeable que el hombre y los hechos enumerados atentan contra su orgasmo.

Muchas mujeres son partidarias del romance, por más que se encamen con un tipo distinto cada semana. El hombre es gutural, busca satisfacer su apetito sexual y casi que no mide las consecuencias. Si esas partes se suman, es lógico que se finjan los orgasmos.

Una buena cena, algo de alcohol (siempre en su justa medida), una salida, un paseo, buena música, luces bajas, son algunos elementos esenciales para que haya relajación y que todo fluya. De lo contrario, la frigidez y la simulación ganarán la batalla.

La mujer que finge deberá, de un momento a otro, sincerarse y plantear otro tipo de relación con su “macho”. Si esto no pasa, el divorcio, el engaño o la obesidad estarán a la orden del día.